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Mate Cocido
HISTORIA

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PARTE 10

Con unos buenos pesos en el bolsillo, adquiridos del asalto de la farmacia, se abren las puertas mágicamente para la nueva vida que con tantas noches de desvelo había planeado Mate Cocido. Estaba a tiempo para programar y ultimar los detalles de su próxima victima.
Su nombre era José Censabella, importante acopiador de algodón de la región. Este acaudalado señor, durante los meses de marzo y abril cuando culminaba la cosecha del algodón, tenía la costumbre -desde hacia muchos años- de viajar por la zona con sumas importantes de dinero en efectivo para pagar a los colonos la compra de materia prima. Y Mate Cocido conocía sus movimientos al detalle y de muy buena fuente. Este valiosísimo dato, adquirido por un informante -a cambio de una fuerte suma de dinero- lo llevaría a adquirir un capital importante en efectivo que no estaba dispuesto a perder. Esta ves nada debía fallar y sus compañeros estaban severamente advertidos. El plan era perfecto, y si cada uno de ellos cumplía con las tareas asignadas, el operativo tenía que ser un éxito. Cegado por la ambición de obtenerlo “Mate Cocido” se sentía dispuesto a todo con tal de conseguirlo.

¡Arriba las manos!

Un día de abril de 1932 José Censabella toma el tren en Sáenz Peña con destino a las colonias del oeste, tal como Mate Cocido y sus secuaces lo tenían previsto. Anoticiados, por un espía, se trasladan junto a Mate Cocido -en su auto particular conducido por Herminia Álvarez su amante-: “El Chileno”, “El Catalán Noy”, “El Vasco” y “El Calabrés” hasta la estación próxima, ubicada en un desvío en donde casi nunca había vigilancia y el convoy estacionaba allí sólo unos minutos.
Cuando el tren se detiene el guardia observa que dos hombres muy bien vestidos suben y se ubican en el balcón del coche-comedor. Cuando el tren arranca, tres pasajeros ascienden presurosos y se acomodan cerca de ellos.
El guardia llega hasta los desconocidos y les pide el boleto. Ninguno lo tenia. Uno de ellos saca un peso del bolsillo y pide cinco pasajes hasta Metán. El guarda advierte que hay aire de sorna y exhorta a hablar en serio, debido a que con ese dinero alcanzaba solamente para cubrir dos pasajes, y les advierte que de no abonarlos ¡los hará descender en la estación próxima! Uno de ellos dice: “En el coche-comedor va él que nos pagara el boleto”. Entonces el grupo se dirige hacia el lugar en compañía del guarda. Cuando este abre la puerta del coche-comedor “El Calabrés”, que venia caminando tras el guarda, lo empuja cayendo sobre una de las mesas ocupadas y servidas. Aprovechando la sorpresa de los que se encontraban en el comedor desenfundaron los revólveres. Y es ahí donde se escucha por primera vez el grito que será la consigna de Mate Cocido durante diez años en el Chaco: ¡Arriba las manos, nadie se mueva!
En el comedor se encontraban en ese momento dos mozos y estaba completo de pasajeros. Se los reviso a todos despojándolos de billeteras, relojes y anillo, sin ejercer violencia. Mate cocido fue el que se encargo personalmente de José Censabella exclamando “¡Aquí está el hombre a quien buscábamos!”. Quitándole de un manotazo el pequeño maletín que éste portaba y que contenía la suma de 9.000 pesos, una fortuna. Concluida la recolección, Mate Cocido excitado y triunfante encara al guarda y lo intima con firmeza para que ordenará al maquinista de aminorar la marcha del tren. Arrojándose, junto a sus secuaces con todo cuidado, justo frente a un inmenso monte. Perdiéndose con toda rapidez en la espesura del follaje. Pero antes que los pasajeros lo dejaran de divisar ejecuto unos disparos al aire como anunciando su triunfo ante los ojos perplejos de sus victimas.
Al recibir la noticia en la estación Sáenz Peña, el telegrafista se comunico en forma urgente con la policía, quienes se dirigieron al lugar de los hechos con la mayor rapidez posible. La primer medida fue tomar testimonio a las victimas, obteniendo información precisa sobre el lugar exacto por donde descendieron los asaltantes y características físicas. Localizando, casi entrada la noche, los rastros de los fugitivos hasta el monte. Sin atreverse, ninguno de los policías, a ingresar a la espesura del monte, por temor a ser emboscados. Eran conscientes que los que habían realizado el operativo no eran ningunos improvisados y pese a las ordenes y amenazas de sus superiores a cargo del rastrillaje se negaron rotundamente a seguir adelante.
El oficial de policía a cargo, al regresar a Sáenz Peña y dar parte de lo sucedido al comisario, declaró: “No puede ser otro, estoy casi seguro que se trata Mate Cocido- dada las descripciones de los testigos que prestaron testimonio- que ha vuelto a sus andadas”.
Tras el exitoso asalto los bandoleros se dispersaron y acordaron reunirse en General Pinedo. Este procedimiento, con la orden de separarse, lo realizaba tras cada golpe como una medida de seguridad. Con el objetivo principal de evitar las caídas en cadena en caso de ser detenidos. Al parecer, Mate Cocido despidió a “El Catalán Noy” y al “Chileno”, que no volvieron a participar en otros robos y cuya identidad son aún un enigma. Al margen del núcleo de uno o dos hombres de confianza, el bandolero se caracterizó por emplear a sus cómplices ocasionalmente, sin establecer relaciones prolongadas.
El encuentro
El sitio de encuentro elegido en General Pinedo con “El Vasco” y “El Calabrés”, se produjo a los siete meses del asalto en un boliche ubicado en los suburbios. Lugar recomendado por El Calabrés quien conocía desde hace varios años a los propietarios, instalados desde hace unos años en ese pueblo. El dueño del boliche había abandonado Rosario -su anterior residencia- con el fin de protegerse de la persecución de la policía, tras haber sido acusado de reiterados robos realizados con la complicidad de El Calabrés.
El matrimonio Romano tenían una sola hija a quien habían educado y cuidado con mucho esmero. Ella era una joven mujer de tan solo 20 años, muy bella, de mirada inocente y modales suaves. Junto con sus padres atendía el negocio y apenas ingreso al lugar Mate Cocido no pudo dejar de mirarla. El flechazo fue para ambos y es ahí donde nace un nuevo amor para el rebelde bandido rural entre copa y copa.
Al parecer Ramona y Herminia Álvarez compartieron por igual el amor de Mate Cocido. Nunca se encontraron frente a frente pero ambas se conocían por los mismos dichos de su amado y eran conscientes que cumplían distintas funciones. Desde ya que ambas aceptaron de entrada las reglas impuestas por el bandolero y jamás existió problemas entre ellas Las diferencias él mismo se encargó de establecerlas entre las dos: la primera permaneció siempre alejada del monte, del peligro y de sus andanzas, aunque conocía perfectamente a que se dedicaba y fue la mujer elegida para formar una familia. Mientras que la segunda participaba de los robos y cumplió algunas misiones delicadas.
La reunión dentro del boliche se complico cuando El Vasco bastante borracho empezó a provocar a un oficial que se encontraba en el lugar tomando una ginebra, provocando un tiroteo que culmino hiriéndolo de gravedad al policía. Teniendo que salir los tres disparando del lugar para evitar detenciones. Con este episodio, que no pudo controlar Mate Cocido pese a sus intentos de frenarlo a El Vasco, decide separarse por un tiempo. Dando ordenes estrictas a que ambos se refugiaran en Charata en casa de un amigo de Mate Cocido hasta que él los fuera a buscar. Tenia entre ojos desde hacia un tiempo a una familia de terratenientes de Charata que tenían un solo hijo, único heredero. Su objetivo era secuestrarlo, para esto necesitaba investigarlos y a fondo. Y que mejor que sus dos mejores secuaces para realizar esta tarea.


Esta historia continuará...


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