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Mate Cocido
HISTORIA

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PARTE 5

Instalado en Corrientes, Segundo David Peralta, disfruta de una paz fríamente premeditada y permitida por las autoridades del lugar, que no lo acosan. Paz elegida, con el fin de poder armar nuevos planes delictivos sin tener a la policía controlándolo de cerca. Teniendo siempre a su lado la incondicional compañía de su único cómplice y amigo Antonio Rossi más conocido como “El calabrés”.
En busca de dinero y nuevas aventuras fuera de Corrientes, por comentarios descubre que en el Chaco, más precisamente en Sáenz Peña, en lo que concierne a él hay mucho por hacer. Inmediatamente se pone en marcha, viaja al lugar, recorre, observa, investiga. Llegando a la conclusión que sus objetivos eran posibles llevarlos adelante. Pero antes debía armar un plan de acción, organizarse, para que todo saliera bien sin sorpresas desagradables...


En busca de la riqueza

Frente a Corrientes está el Chaco, y “Mate Cocido” necesitaba urgente lugares nuevos y fuera de su provincia para desplegar sus actividades. Y le había llegado el comentario que era un lugar lleno de nuevos ricos y dada la cercanía al lugar de donde vivía, empezó a investigar. Para esto, empezó a viajar casi a diario en compañía de “El Calabrés”, su fiel compañero, descubriendo ante su asombro que era una especie de California en gestación lleno de porvenir y de gente acaudalada. En donde pudieron observar que constantemente los colonos se trasladaban con gruesos fajos de billetes en el bolsillo o bajo el cinturón, y que las caravanas de viajantes, acopiadores, compradores, vendedores, pagadores y comisionistas de las grandes empresas recorrían las rutas con el visible maletín repleto de billetes, debido a que había pocas sucursales bancarias. Notando muy sorprendidos que la protección policial era nula debido a que la actividad privada había superado las posibilidades oficiales. Tras dos meses de investigar minuciosamente y estudiar los movimientos, llegaron a la conclusión que habían encontrado su paraíso y comenzaron a planificar...

Los acechadores tras la presa

A principio de marzo de 1926, dos hombres descienden del vaporcito que realiza diariamente el transporte de pasajeros entre Corrientes y el puerto chaqueño de Barranqueras, próximo a Resistencia. Los forasteros, al parecer amigos ocasionales contrastan con su físico dispar. El más joven, de 29 años, mediana estatura, sin rasgos sobresalientes, puede pasar por lo que dice ser: un viajante de joyería y se dice llamar “Julio Blanco”. El otro, ya maduro, más bien alto, delgado y musculoso, con un agradable perfil itálico, se hace pasar como obrero ferroviario en uso de licencia, según lo repite a cada momento en voz alta para que todos lo oigan, y se presenta como “José Giuliani”.
Nadie podría imaginar lo que trae entre manos esta yunta. Durante la noche del 24 de marzo, en Sáenz Peña, ladrones desconocidos se deslizan dentro del domicilio de la familia Del Mónico y se llevan un fino reloj de oro con engarces de piedras, sin dejar rastros.
Días después dos forasteros se presentan en una posada para alojarse y ocupan una habitación de varias camas, como es de uso en los hoteles precarios. Al rato ingresa a la misma pieza otro huésped. Se trata de un colono que perdió el día negociando los fardos de algodón y acude al hospedaje para dormir unas horas y emprender el regreso a su chacra con el amanecer. Mientras se acuesta advierte, que los otros dos ocupantes de la pieza, duermen serenamente. Al amanecer, el desprevenido huésped comprueba dos cosas: que su dinero ya no está bajo la almohada y que los compañeros de pieza han madrugado lo suficientemente temprano para desaparecer sin ser advertidos por el dueño de la posada.
En Resistencia, el 4 de abril, la familia Lequeux, propietaria de una confitería céntrica, descubre que esa misma noche fue sustraído el dinero de la caja, más el alhajero de las hijas, con joyas por valor de dos mil pesos.
Y así se suceden en corto tiempo otros robos de estas características sin dejar rastros suficientes que delaten la identidad de los autores de los hechos delictivos...

Su nueva morada

Ante el éxito de sus atracos y comprobando que no tenían a la policía detrás “Mate Cocido” y “el Calabrés” deciden instalarse en Sáenz Peña al mes aproximadamente de haber puesto sus pies por primera ves en ese lugar, en una pensión alejada y precaria . Desde allí Segundo David les escribe a su madre, a su cuñada en Las Cejas y a su entrañable hermana Isabelita, con el fin de no cortar ese lazo familiar que tan bien le hacía a su espíritu atormentado, utilizando su nuevo seudónimo. Reflejando en cada una de sus cartas sentimientos nobles e incondicionales hacia los suyos y trasmitiéndoles tranquilidad en cuanto a su vida, muy lejos de la realidad que vivía a diario.
Para su familia él era un trabajador administrativo muy bien remunerado, con muy buenas expectativas de progreso y sus traslados constantes se debían a los requerimientos de la empresa, en la que según él, trabajaba. Cerrando así con esta historia inventada, todas las preguntas de sus familiares acerca de sus actividades.
En una de las carta que recibe en su nuevo domicilio su hermano Patricio le comunica que se ha quedado sin trabajo, y le pide ayuda. Respondiéndole, siempre por carta que: “Si me va como pienso, arreglaré el bienestar de todos ustedes tan pronto como me sea posible y el mío. Créeme que tienen veracidad mis palabras. Pronto viviremos todos juntos bajo el mismo techo. Ya es tiempo que volvamos a juntarnos para vivir en familia”.Y a fines de Abril, “Mate Cocido” y el Calabrés, sorpresivamente, se ausentan de Sáenz Peña para tomar rumbo a Tucumán.
Segundo David, siente la necesidad de visitarlos y ayudarlos, y sin meditarlo demasiado decide emprender el viaje. Era consiente que no podía quedarse por mucho tiempo pero la necesidad de verlos era imperante en él. Según comentarios, se presenta impecablemente vestido, con lentes oscuros, sombrero, traje cruzado y zapatos finos. Puede que esta visita se relacione también con el mal estado de salud del padre de Segundo David, quizá con su fallecimiento, ya que otras referencia mencionan este acontecimiento como producido en los primeros meses de 1926, sin precisar fecha cierta.
A la semana de su arribo los visitantes, según se supo, partieron hacia Buenos Aires. Pero antes de emprender viaje, Segundo David deja en poder de su madre una importante suma de dinero, como para solventar gastos y necesidades que su familia requería, haciéndola depositaria del manejo de esos fondos. Y además, le entrega una caja cerrada herméticamente, cuyo contenido en realidad eran joyas producto de sus robos. Indicándole que se trataban de documentación muy importante para él y que la resguarde en un lugar seguro.

De regreso a Sáenz Peña

Su estadía en Buenos Aires fue corta, nunca se supo con precisión si fueron por “negocios” o por placer. Apenas llegaron a Sáenz Peña, entraron en actividad rápidamente y esa misma noche deciden saquear dos domicilios. De uno de ellos se llevan cinco mil pesos en efectivo y del otro dos mil, y de ambos valiosas alhajas.
Si bien Sáenz Peña era una ciudad con mucho movimiento por su actividad, en su mayoría la gente era de paso, podía considerársela casi un pueblo por el escaso número de habitantes. Resultaba fácil advertir en ella quién viene y quién va, y el tipo de vida que lleva cada cual, sobre todo cuando se trataba de forasteros sobre los que se vuelca la explicable curiosidad pueblerina. La policía preocupada por el auge de ciertos delitos consumados con una misma técnica, no tardó en echarle el ojo a ese sospechoso dúo del viajante de joyería y el ferroviario en uso de su licencia. Sin embargo, el viajante y el ferroviario eran a su vez hombres duchos en materia de seguimiento.
Un buen día desaparecieron. Lo único que llegó a saberse de ellos fue que alguien los vio tomar el tren a Resistencia. Se los buscó allí sin ningún resultado, luego de haberse requisado hotel por hotel y pensión por pensión. Un amplio operativo policial se desplaza a Corrientes tras sus pasos. ¿La policía logrará atraparlos?.


Esta historia continuará...


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