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Mate Cocido
HISTORIA

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PARTE 9

Conseguir dinero era fundamental para poder seguir adelante. El tema era obtenerlo sin comprometerse, sus objetivos eran peces gordos. Pero para llevar a cabo sus proyectos necesitaba plata rápida y suficiente como para poder enfrentar los costos y realizar los asaltos a empresarios e industriales -ya marcados- que le dejarían muy buen dinero. Para esto, un soplón le había pasado el dato de la existencia de un exitoso comerciante, solterón, avaro y muy acaudalado. Era la victima perfecta para lograr sus objetivos. La decisión estaba tomada, iría junto a sus cómplices tras él.

La avaricia pudo más que la tortura

El comerciante elegido habitaba en un caserón sin más compañía que un gato. Toda la ciudad hablaba de su cuantiosa fortuna que, según sus vecinos, guardada en algún rincón de la casa. Evidentemente era la presa que estaban buscando pero antes de actuar debían asegurarse que todo saliera bien. Para esto mando a “El Chileno” que lo investigara al detalle. Quería saber que horarios y rutinas tenía fuera y dentro de su casa, si era posible, y realizar un plano de la casa que habitaba para establecer fehacientemente por donde podían ingresar. La casa se encontraba rodeada de un jardín que estaba protegido por rejas cubiertas de enredaderas.
Obtenidos los datos suficientes, y estudiado a fondo el accionar “Mate Cocido” decide darle la tarea a “El Calabrés” y a “El Chileno”.
Al día siguiente, en una noche sin luna y calurosa en pleno noviembre de 1931, mientras el dueño de la casa dormía plácidamente en el patio sobre un catre como era su costumbre, estos se introdujeron sigilosamente al jardín y por una de las ventanas que barretearon con facilidad, ingresaron a la casa. Al cabo de un rato de búsqueda los intrusos descubrieron la caja en el ropero, pero estaba encadenada al mismo. Sin herramientas, pese a sus intentos con la barreta -único elemento que portaban- nada pudieron hacer retirándose con las manos vacías. Enterado Mate Cocido del fracaso de la operación, y tras cerciorarse que no había realizado el comerciante ningún tipo de denuncia, decide que hay que volver. Esta vez él y “El Vasco” los acompañarían equipados con todas las herramientas que consideró eran necesarias. Esa noche no durmieron y una hora antes del amanecer se encaminaron a la casa del comerciante. Era una noche de intensa lluvia pero nada los frenó. Como correspondía a esa clase de visitas, ingresaron por el patio trasero con los rostros cubiertos y abrieron la puerta de la galería con llaves ganzúas. “El Chileno” quedó en el patio para hacer de campana. En el preciso momento que los tres visitantes aparecieron en el dormitorio el dueño de la casa despertó y cuando se disponía a gritar “El Calabrés” lo tomó del cuello dejándolo sin aliento y le pegó unos puñetazos en la cara dejándolo atontado y sangrando. Mientras los otros desenfundaron sus revólveres apuntándole a la cabeza. Todo ensangrentado, lo silenciaron con un pañuelo en la boca le cubrieron los ojos y le ataron los pies y manos con las sogas que llevaban.
Al abrir el ropero, grande fue la sorpresa al encontrarlo vació. La caja con los valores no estaba. La primer reacción fue la de “El Calabrés”, que empezó a darle trompadas y amenazarlo con un cuchillo en la garganta realizándole pequeños cortes, pero este se negó hablar. Aparte después de semejante apriete se encontraba prácticamente inconsciente. Matarlo no estaba en los proyectos de Mate Cocido, no era su estilo, y pese a las torturas nada consiguieron. Procediendo, a continuación, a un registro minucioso de la casa en donde encontraron 180 pesos en un escritorio y se retiraron. Al salir a la calle se fueron en distintas direcciones. Combinando encontrarse al día siguiente en la pensión en donde se alojaba “El Catalán Noy”.

La farmacia, una opción acertada

Algo se le tenía que ocurrir a Mate Cocido y rápido. El fracaso del intento de robo había golpeado fuerte su estima y para llevar a cabo sus proyectos necesitaban dinero y así fue como decide, en forma rápida y sin meditarlo demasiado, asaltar al único farmacéutico del pueblo quince días después.
“Mate Cocido” organiza el operativo con la ayuda de “El Vasco” y ambos eligen que los acompañe “El Calabrés”. Protegidos por un manto de estrellas, una noche agobiante de pleno Diciembre, estos tres hombres fuertemente armados y totalmente preparados a encarar lo que se les presente saltaron un tapial, cruzaron el patio de la farmacia de Sáenz Peña y subieron por una escalera a la terraza. Divisando desde una claraboya -alumbrando el interior del negocio con una linterna- el codiciado cajón del mostrador donde el farmacéutico guardaba imprudentemente el producto de las ventas de quince días y a veces de hasta un mes. Dato obtenido por un soplón a cambio de unos pesos. Fue “El Calabrés” quien ingresó por la claraboya en busca del botín. El operativo duró no más de 20 minutos. Todo estaba saliendo perfecto. Pero cuando quisieron volver por donde habían ingresado notaron la presencia de dos agente a caballo que montaban guardia justo en la esquina. Ante esta situación deciden hacer tiempo, pero luego de dos horas y con el amanecer mostrando sus primeros reflejos de luz resuelven “El Vasco” y “El Calabrés” desorientar a los guardias y ante todo proteger al jefe. Procediendo a descolgarse ruidosamente del tapial -a fin de llamarles la atención- y salir corriendo en dirección a la otra esquina. Logrando inmediatamente -con su accionar- que los policías se lanzaran tras sus pasos. Mientras tanto “Mate Cocido”, decidió esperar y cuando el silencio regresó, saltó el tapial ágilmente y se retiró de la escena caminando serenamente como el caballero que vuelve de una cita nocturna disfrutando del sereno amanecer con el interesante botín protegido entre sus ropas.
Para “El Vasco” y “El Calabrés”, la aventura tuvo otro resultado, como se imaginaran.
En primer lugar, les fue preciso entablar un tiroteo sobre la marcha para frenar a los caballos que les pisaban los talones. Y todo terminó al llegar a un tambo suburbano, en donde lograron -tras saltar con rapidez varios alambrados y esquivar las vacas que curiosas los observaban- escabullirse dentro de un pequeño monte. Lugar, donde alcanzaron a treparse a unos árboles, pasándoles los vigilantes a todo galope, por al lado de ellos, sin advertir sus presencias.

Tras los pasos de su objetivo

Con unos buenos pesos en el bolsillo, adquiridos del asalto de la farmacia, se abren las puertas mágicamente para la nueva vida que con tantas noches de desvelo había planeado Mate Cocido. Estaba a tiempo para programar y ultimar los detalles de su próxima victima.
Su nombre era José Censabella, importante acopiador de algodón de la región. Este acaudalado señor, durante los meses de marzo y abril cuando culminaba la cosecha del algodón, tenía la costumbre -desde hacia muchos años- de viajar por la zona con sumas importantes de dinero en efectivo para pagar a los colonos la compra de materia prima. Y Mate Cocido conocía sus movimientos al detalle y de muy buena fuente. Este valiosísimo dato, adquirido por un informante -a cambio de una fuerte suma de dinero- lo llevaría a adquirir un capital importante en efectivo que no estaba dispuesto a perder. Esta ves nada debía fallar y sus compañeros estaban severamente advertidos. El plan era perfecto, y si cada uno de ellos cumplía con las tareas asignadas, el operativo tenía que ser un éxito. Cegado por la ambición de obtenerlo “Mate Cocido” se sentía dispuesto a todo con tal de conseguirlo.


Esta historia continuará...


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